El herpes labial o fuego en el labio es una infección causada principalmente por el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1). Se manifiesta como uno o varios grupos de pequeñas ampollas llenas de líquido que aparecen, por lo general:
en el borde de los labios,
alrededor de la boca,
y, a veces, cerca de la nariz o el mentón.
Estas ampollas también se conocen como ampollas febriles o fuegos en la boca. Cuando se rompen, dejan una pequeña llaga que luego forma una costra hasta que la piel cicatriza.
Es importante saber que muchísimas personas son portadoras del virus, aunque no todas desarrollan llagas. Una vez que el virus entra en el organismo, permanece “dormido” en los nervios y puede reactivarse en ciertos momentos, provocando nuevos brotes de herpes bucal.
La causa principal del herpes labial es el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1). Con menos frecuencia, el virus del herpes simple tipo 2 (VHS-2), más asociado al herpes genital, también puede causar herpes en la boca.
El contagio ocurre, sobre todo, por contacto directo piel con piel o mucosa con mucosa, por ejemplo:
besos,
contacto cercano boca a boca,
compartir vasos, cubiertos, toallas, labiales u otros objetos que hayan tocado la zona afectada.
Muchas personas adquieren el virus en la infancia o adolescencia. Después del primer contacto, el virus queda latente y puede reactivarse más adelante.
Si se pregunta por qué salen los fuegos en la boca, la respuesta suele tener que ver con situaciones que debilitan temporalmente las defensas o irritan la zona de los labios. Entre los desencadenantes más frecuentes están:
Estrés físico o emocional.
Fiebre u otras infecciones como resfriados o gripe.
Exposición intensa al sol o al viento sin protección en los labios.
Cambios hormonales, por ejemplo durante la menstruación.
Cansancio extremo o falta de sueño.
Lesiones o irritación en los labios (por ejemplo, morderse los labios con frecuencia).
Sistema inmunitario debilitado por enfermedades o tratamientos.
Cuando se combinan estos factores, es más probable que aparezca un nuevo brote de herpes bucal.
El herpes labial sigue unas etapas bastante características:
Hormigueo, ardor o comezón (pródromo)
Antes de que se vea la lesión, muchas personas notan una sensación de cosquilleo, quemazón, comezón o sensibilidad en la zona donde aparecerá el fuego en el labio.
Aparición de ampollas llenas de líquido
En el borde del labio o alrededor de la boca surgen pequeñas ampollas agrupadas, llenas de líquido transparente o amarillento. Esta es la fase más contagiosa.
Rotura de las ampollas y formación de úlcera
Las ampollas suelen romperse, dejando una llaga superficial que puede ser dolorosa y sensible al tacto, al hablar o al comer.
Costra y cicatrización
La llaga se seca y forma una costra. La zona puede picar o causar molestias hasta que la costra se desprende y la piel se ve nuevamente íntegra.
Durante un brote, especialmente en el primer episodio, pueden aparecer:
Fiebre
Malestar general
Dolor de garganta
Encías enrojecidas e inflamadas
Ganglios del cuello inflamados o sensibles
En brotes posteriores, los síntomas suelen ser más leves y limitados a la zona del labio o la boca.
En personas sanas, el herpes labial suele tardar alrededor de 10 a 14 días en desaparecer por completo, desde el hormigueo inicial hasta que se cae la costra y la piel se ve normal otra vez.
En la mayoría de los casos, el herpes labial en una persona sana es una afección leve y autolimitada. Las llagas suelen sanar sin dejar cicatrices importantes si se cuidan bien y no se manipulan (no reventarlas ni rascar la costra).
El panorama cambia cuando el sistema inmunitario está deprimido o muy debilitado. Están en mayor riesgo quienes:
toman medicamentos inmunosupresores, por ejemplo después de un trasplante,
están recibiendo quimioterapia para tratar el cáncer,
viven con VIH u otras inmunodeficiencias,
han sufrido quemaduras graves,
padecen eczema u otras enfermedades graves de la piel.
En estas personas, el virus puede extenderse más allá de los labios, afectar la piel de otras zonas o llegar a los ojos, a las puntas de los dedos o, en casos muy poco frecuentes, a órganos internos.
Por ello, si tiene el sistema inmunitario comprometido, debe vigilar de cerca cualquier fuego labial y consultar con su médico ante el mínimo signo de complicación.
Debe consultar con un profesional de la salud si:
el herpes labial dura más de dos semanas sin mejorar,
tiene fiebre alta, escalofríos o malestar intenso,
nota un salpullido o lesiones en otras partes del cuerpo,
presenta dificultad para tragar, babeo excesivo o dolor importante en la boca,
observa manchas blancas en la lengua o el paladar,
tiene dolor, enrojecimiento, lagrimeo o sensibilidad a la luz en los ojos,
tiene un sistema inmunitario debilitado y aparece cualquier brote de herpes bucal.
No existe un tratamiento que elimine definitivamente el virus del organismo, pero sí hay opciones para reducir la duración del brote, aliviar el dolor y disminuir el riesgo de complicaciones y recurrencias.
Los medicamentos antivirales recetados por el médico pueden acortar la duración del brote y disminuir la intensidad de los síntomas. Entre los más utilizados se encuentran:
Famciclovir.
Aciclovir.
Valaciclovir.
Suelen tomarse por vía oral y funcionan mejor si se inician en la fase de hormigueo o al inicio del brote, cuando las ampollas aún no han avanzado. En algunas personas, también pueden ayudar a evitar que el virus se extienda a otras áreas del cuerpo.
En casos de brotes muy frecuentes o de personas con alto riesgo de complicaciones, el médico puede indicar tratamientos antivirales de forma preventiva o prolongada.
Además de los antivirales con receta, existen opciones de venta sin receta que pueden ayudar:
Cremas antivirales tópicas
Algunas contienen sustancias específicas que ayudan a disminuir la duración del brote si se aplican varias veces al día desde los primeros síntomas.
Cremas o geles con anestésicos locales
Como la benzocaína, que ayudan a adormecer la zona y reducir el dolor y la molestia al hablar, comer o lavarse los dientes.
Es importante seguir siempre las instrucciones del envase y, si tiene dudas, preguntar a su médico o farmacéutico.
Algunos cuidados sencillos pueden hacer más llevadero el brote de herpes labial:
Compresas frías o de hielo
Aplicar suavemente un paño limpio y frío, o un cubo de hielo envuelto, sobre el área afectada puede ayudar a disminuir la inflamación, el dolor y la sensación de ardor. Algunas personas encuentran útil aplicar frío desde la fase de hormigueo para intentar frenar el brote.
Buena higiene de manos
Lávese las manos con agua y jabón antes y después de tocar la zona del labio para evitar infecciones secundarias y reducir el riesgo de contagio.
Evitar irritar la costra
No arrancar la costra, no rascar y evitar maquillajes o productos que irriten el área.
Control del estrés
El estrés es un detonante frecuente. Técnicas de relajación, ejercicio moderado y buen descanso pueden ayudar a reducir la frecuencia de los brotes.
Algunas personas utilizan complementos como lisina, propóleo u otros remedios, pero siempre es recomendable consultar con un profesional de la salud antes de iniciar cualquier suplemento. Y si también te preocupa la inflamación en los labios, podrías leer nuestra guía sobre cómo desinflamar el labio rápidamente.
Aunque pueda ser muy tentador, reventar un fuego labial no ayuda a que sane más rápido. De hecho, puede empeorar la situación:
Aumenta el riesgo de infección bacteriana en la llaga.
Puede dejar cicatrices más visibles.
Facilita que el líquido lleno de virus se esparza a otras partes de su propio cuerpo (por ejemplo, ojos, dedos) y a otras personas con las que tenga contacto cercano.
Lo más seguro es no manipular el herpes labial, dejar que las ampollas y la costra sigan su curso natural y utilizar tratamientos recomendados para aliviar los síntomas.
Mientras tenga un brote de herpes labial (o incluso si siente el hormigueo inicial), siga estas medidas:
Evite besar a otras personas, especialmente bebés, niños pequeños o personas con defensas bajas.
No comparta vasos, cubiertos, popotes, toallas, labiales o bálsamos para labios.
Lávese las manos con frecuencia, sobre todo si ha tocado la zona del labio.
Para disminuir la frecuencia de los brotes y proteger la zona:
Use protector solar específico para labios cuando vaya a estar al sol.
Evite la exposición prolongada a sol, frío o viento sin protección.
Mantenga los labios hidratados con bálsamos adecuados.
Procure dormir bien y cuidar sus niveles de estrés.
Identificar qué factores suelen desencadenar sus brotes le permitirá actuar antes de que aparezcan.
Si sufre brotes de herpes labial muy frecuentes o si una enfermedad crónica o tratamiento debilita su sistema inmunitario, su médico podría recomendar antivirales orales de mantenimiento o tratamientos preventivos en épocas de mayor riesgo. Estos tratamientos siempre deben estar supervisados por un profesional de la salud.
El virus del herpes simple permanece en el organismo de forma latente una vez que se adquiere. No existe una cura definitiva que lo elimine por completo, pero los brotes pueden volverse menos frecuentes con el tiempo.
Los tratamientos ayudan a reducir la duración y la intensidad de cada episodio, y las medidas de prevención pueden disminuir el número de brotes al año.
Sí. En el lenguaje cotidiano, herpes labial, fuego labial, fuego en la boca o fuegos en los labios se utilizan para nombrar la misma afección: las ampollas febriles causadas, en la mayoría de los casos, por el virus del herpes simple tipo 1.
Sí es posible. Si una persona tiene un brote de herpes labial activo y mantiene sexo oral, puede transmitir el virus a la zona genital de la otra persona. Por eso es importante evitar cualquier tipo de contacto íntimo cuando haya ampollas o llagas activas, tanto en la boca como en los genitales.
No todos los granitos en la boca o lesiones en los labios son herpes bucal. Algunas pueden ser granos comunes, irritaciones por el sol o el frío, aftas u otro tipo de úlceras o incluso reacciones alérgicas. Si tiene dudas, si la lesión es muy dolorosa, recurrente o no mejora en unos días, lo más adecuado es consultar con su médico o dentista para un diagnóstico preciso.
La finalidad de este artículo es fomentar la comprensión y el conocimiento de temas generales de salud oral. Su propósito no es sustituir la opinión, el diagnóstico o el tratamiento profesionales. Solicita siempre la opinión experta de tu dentista u otro proveedor de salud Calificado y Dile siempre cualquier pregunta que tengas en relación con alguna enfermedad o tratamiento médico.
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