Las encías retraídas o recesión gingival pueden ser el resultado de varios factores, de los cuales algunos se pueden controlar y algunos más están fuera de nuestras manos. Las encías retraídas no vuelven a crecer. Sin embargo, su dentista o periodoncista le pueden ayudar a tratarlas y evitar que empeoren, ¡lo cual ya es motivo suficiente para sonreír!
Entender la anatomía ayuda a visualizar por qué aparece la sensibilidad y por qué el diente parece “alargarse”.
Mientras tanto, la mucosa gingival no adherida protege la parte interior de las encías y las mejillas, ya que es un tejido gingival móvil y elástico.
El margen gingival se encuentra en el mero borde de las encías, envolviendo y protegiendo los dientes.
El margen gingival se desplaza lejos de los dientes y deja expuesta la raíz.
Una raíz expuesta con cemento menos calcificado para protegerla puede presentar caries y sensibilidad dental, ya que las terminaciones nerviosas de los dientes también quedan expuestas.
Si usted cree que sus encías se están retrayendo, póngase en contacto con su dentista o su periodoncista para evitar que el proceso avance y trabaje con él o ella para poner en marcha un plan de tratamiento. Pedir una valoración temprana mejora el pronóstico y abre la puerta a tratamientos menos invasivos.
Cualquiera de los siguientes factores puede ser el detonante de una recesión gingival:
Si usted tiene demasiada placa acumulada entre los dientes y las encías, las bacterias de esa placa pueden inflamar el tejido gingival. Con el tiempo, esta inflamación puede provocar recesión gingival e incluso pérdida de dientes si no se trata.
Cepillarse los dientes y usar hilo dental con demasiada fuerza son problemas reales que pueden dañar tanto las encías como el esmalte dental. Trate de enfocarse en la técnica: utilice un cepillo de cerdas suaves y realice movimientos suaves, siempre desde la encía hacia el diente. Además, use el hilo dental correctamente y sin causar dolor ni sangrado.
La composición genética que heredamos de nuestros padres también puede predisponer a tener encías más delgadas o delicadas, lo que aumenta el riesgo de encías retraídas ante cualquier irritación o trauma.
Tener la mordida o los dientes desalineados puede favorecer la recesión gingival. Cuando ciertos dientes reciben más fuerza de lo normal al morder o al cerrar la boca, el exceso de presión puede afectar la encía y el hueso que la sostiene.
El hábito de rechinar o apretar los dientes, conocido como bruxismo, suele ocurrir mientras duerme y genera fuerzas excesivas sobre los dientes y las encías. El uso de una guarda dental o férula de descarga, junto con el manejo del estrés, puede ayudar a prevenir la recesión gingival, la sensibilidad dental y la pérdida de dientes.
Un golpe fuerte o un traumatismo considerable en la zona de las encías o de los dientes puede dañar el tejido gingival y provocar que esa parte de la encía se retraiga.
Fumar o consumir otros productos de tabaco está directamente relacionado con la recesión gingival. El tabaco afecta la circulación sanguínea de las encías y dificulta su capacidad de defensa y reparación, aumentando el riesgo de enfermedad periodontal y pérdida de encía.
Aspecto de dientes más largos o triángulos negros entre dientes.
Sangrado al cepillar o limpiar entre dientes.
Acúmulo de placa/sarro en el margen.
Higiene profesional, educación de técnica, y controles cada 3–6 meses según riesgo. Si hay periodontitis, se indica raspado y alisado radicular (RAR) para eliminar biofilm y sarro subgingival y así reducir la inflamación y la sensibilidad.
Barnices de flúor, agentes a base de nitrato potásico y selladores tubulares pueden mitigar la sensibilidad mientras se estabiliza el margen.
Cuando procede, el periodoncista puede realizar un colgajo coronario con o sin injerto de tejido conectivo (del paladar o matrices alternativas) para cubrir la raíz y engrosar el tejido. El éxito exige control de placa, ajuste del cepillado, manejo del bruxismo y abstinencia de tabaco durante la cicatrización.
Cepilla 2–3×/día con cerdas suaves o eléctrico con sensor; angula 45º hacia la encía y usa presión ligera.
Limpieza interdental diaria (hilo, seda o interdentales) sin “serruchar” la papila.
Considera pastas/colutorios desensibilizantes si ya hay sensibilidad.
Si aprietas los dientes, consulta por férula; ajusta estrés y postura.
Agenda mantenimientos periodontales; si fumas, busca apoyo para dejarlo.
Las encías retraídas no se “regeneran” solas, pero sí se puede detener su avance y recuperar cobertura en casos indicados. Identifica la causa, sigue un plan por etapas y apóyate en revisiones periódicas: así proteges dientes, reduces sensibilidad y mejoras la estética de tu sonrisa.
No de forma espontánea. Usted puede detener el avance y aliviar la sensibilidad con higiene profesional, una técnica correcta y el control de las causas. La cobertura de raíz suele requerir procedimientos mucogingivales selectivos.
Depende de la profundidad/ancho de la recesión, biotipo gingival, posición del diente y control etiológico. La decisión se toma tras valoración clínica con sondaje y fotografías.
Generalmente 2–3 semanas para molestias iniciales y 6–8 semanas para estabilización de tejidos blandos, con controles periódicos. Los tiempos varían según técnica, biotipo y hábitos (p. ej., tabaco).
Sí, si persisten los factores de riesgo (cepillado agresivo, bruxismo, tabaco, inflamación). El mantenimiento periodontal y la corrección de hábitos reducen la probabilidad.
Al eliminar placa y sarro subgingival disminuye la inflamación y frecuentemente la sensibilidad. Suele combinarse con desensibilizantes y educación de técnica.
Cepillo de cerdas suaves o eléctrico con sensor de presión; técnica en ángulo de 45º con trazos cortos. Pastas con flúor y agentes desensibilizantes si hay hipersensibilidad.
Sí. Empeora la cicatrización, enmascara el sangrado y reduce el éxito de cirugías mucogingivales. Dejar de fumar mejora significativamente el pronóstico.
Puede contribuir por microtrauma repetido. El uso de férula de descarga y el ajuste oclusal, junto a la gestión del estrés, reducen el impacto.
Si nota sensibilidad nueva, un “diente más largo”, sangrado persistente o un borde irregular en la unión diente-encía, acuda a evaluación con su periodoncista. Una evaluación temprana evita la pérdida de soporte y tratamientos más invasivos.
Los colutorios con flúor o desensibilizantes pueden aliviar los síntomas como complemento de la técnica; evite los enjuagues agresivos o con alcohol si le irritan. Consulte siempre si persiste el dolor o el sangrado.
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